Cuando nos cortamos o recibimos algún tipo de golpe, nuestro organismo reacciona rápidamente a este estímulo activando una serie de elementos presentes en nuestra circulación que evitan que perdamos sangre y contribuyen al cierre de la herida. Estos elementos son los llamados factores de coagulación y cada uno de ellos es esencial para que todo el sistema funcione.

Un individuo que padece hemofilia carece, o tiene una cantidad
insuficiente, de uno de estos factores de coagulación y por lo tanto al
recibir un golpe o al abrirse una herida, por muy pequeña que sea, su
organismo no consigue reparar correctamente el daño y el sangrado, en
lugar de detenerse puede
seguir durante horas o incluso días, causando problemas que pueden ser
muy graves.
Hay varios tipos de hemofilia dependiendo del factor de coagulación afectado:
Hemofilia A: defecto o déficit del factor VIII.
Hemofilia B: defecto o déficit del factor IX.
La federación mundial de la hemofilia (World Federation of Hemophilia) apunta que 350.000 personas padecen alguna forma de esta enfermedad.