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En 1840 Lane demuestra que el uso de sangre entera tiene cierto éxito terapéutico en pacientes que padecen hemofilia. Aunque demostrara cierta eficacia el uso de sangre entera era muy fastidioso y muy poco práctico debido a los grandes volúmenes que se requerían. No fue hasta 1929 cuando, Payne y Steen propusieron el uso de plasma citrado, disminuyendo los volúmenes de infusión, la viscosidad y por lo tanto el tiempo de infusión. Paradójicamente la segunda guerra mundial contribuyó de alguna manera a que el tratamiento de la hemofilia evolucionara. Cohn y sus colaboradores fueron los primeros en fraccionar el plasma a gran escala con el objetivo de obtener albúmina y gamma-globulinas para asistir a los heridos en el campo de batalla. A principios de los cincuenta se descubrió que la primera fracción de Cohn contenía también FVIII mezclado con fibrinógeno y Blombäck y Nilsson prepararon subfracciones de la misma específicas para ser usadas en pacientes hemofílicos |